Con motivo de mi aniversario el domingo 11 del 11 del 11 publiqué mi nuevo libro Despierta!!! Busca la Verdad.  Este libro  quiere alejarse de todas las estructuras del sistema actual en todos sus aspectos, en lo político, social, económico y religioso.

A lo largo de los 16 capítulos que componen el libro  quiero mostrar una nueva humanidad con conciencia crística, que viva en paz sin conflictos, con solidaridad para llegar a Dios sin depender de ninguna institución.

Este libro está dirigido sobre todo a las personas que se cuestionan, tienen inquietudes y no se conforman con lo establecido.

La finalidad de la obra es despertar conciencia mediante el conocimiento de la verdad.

¡Deseo que os guste y que os sorprenda!

 

Descarga el libro gratuito en formato digital desde mi página web.

 

 

 

El libro en papel se publicará en las próximas semanas.

 

 

corazón sol

La impresión es un estímulo sobre nuestra condición, que se introduce en nosotros a través del plexo solar y de los cinco sentidos.
Para mejorar nuestra condición, hemos de poner conciencia en el viaje que realiza la impresión. Cada impresión que recibimos entra primero por el plexo solar, pasa a la mente (pensamiento), se identifica con el arquetipo, después pasa por el corazón (emoción) y por último nos lleva a la acción.
Las impresiones nos tienen que llegar a la conciencia para poder mejorar nuestra condición (la conciencia es la capacidad de autoreconocerse y reconocer, es portadora de luz propia).
Cuando la impresión llega a la mente, nosotros tenemos que dirigir la impresión; para ello tenemos que usar la atención y eso se hace sin esfuerzo e instantáneamente cuando interviene la conciencia.
Después la impresión, en su segundo paso, llega al corazón; nosotros tenemos que sentir la impresión, para ello es necesario el recuerdo de sí para poderla comprender.
Por último, la impresión comprendida nos lleva a la acción y para ello necesitaremos de la autoobservación para ver el resultado de la acción en nosotros y en los demás y las consecuencias de nuestros actos.
Hay impresiones que se estancan, a esto se le llama reacción mecánica. Por ejemplo, la impresión insulto puede quedarse en la mente y no continuar su proceso, porque se reacciona mecánicamente con un enfado, cuando no estamos conscientes. La impresión puede pasar de la mente a la emoción y sentir mucha mucha rabia porque no estamos conscientes.
La impresión puede que pase por la mente y la emoción, hasta llegar a la acción, pero si no hay conciencia, la acción puede ser una agresión mecánica (una bofetada, por ejemplo).
Cuando la impresión es muy fuerte, activa la conciencia; pero en la gran mayoría de los casos sólo eso y sin continuidad.
¿Qué es lo que impide que las impresiones lleguen a la conciencia? Son los defectos (pereza, codicia, lujuria, soberbia, ira, gula y envidia).
Si la impresión llega a la conciencia, no se pierde jamás porque ha pasado por el entendimiento, por la compresión y se llega a la acción con la máxima perfección para quedar almacenada en la conciencia. Ejemplo:
Si nos insultan, tenemos la impresión insulto, con una reacción inconsciente o consciente:

Impresiones1

Impresiones2
En la fibromialgia, muchas veces la impresión se queda en el corazón.
No hay continuidad hacia la acción.

Impresiones3

Hemos visto cómo podemos reaccionar frente a la ira. El otro defecto que acompaña a la ira en la fibromialgia es la soberbia, que nos lleva al desprecio. El servicio y la sencillez nos ayudan a superarla.
¿Cuál es el defecto que nos impide hacer el trabajo bien hecho? Es la soberbia, que no acepta que nos corrijan. El valor de la humildad nos permite ver nuestros errores, nuestras dificultades… El humilde no gasta energía. Darse cuenta es el principio del cambio, pero primero hemos de comprender.

Por qué fibrom.

 

La fibromialgia es un bloqueo de la energía Yang del elemento madera (hígado y vesícula biliar) que se produce por no llevar a término aquello que previamente se ha pensado. La fibromialgia, desde el punto de vista del Yin y del Yang, es un exceso de Yang, y, por su intertransformación, se convierte en su extremo (Yin), cosa que provoca la parálisis de las funciones musculares.

En la práctica, el proceso es muy sencillo: cuando una persona recibe una impresión a través de los cinco sentidos, esta se asocia a los arquetipos e imágenes mentales, y produce una reacción en su mente que se traduce en pensamientos. Estos pensamientos (cuerpo mental) inmediatamente mueven emociones (cuerpo emocional). Las emociones generan una actitud (tensión muscular), y la postura corporal una acción (cuerpo físico).

La reacción que provoca la impresión en el cuerpo mental pocas veces puede ser controlada. Cuando, siguiendo su proceso natural, llega al cuerpo emocional, provoca las emociones. Estas emociones en seguida generan una postura corporal, que a su vez provoca una tensión. Podemos reprimir la acción, pero no podemos liberar la energía acumulada en la musculatura. De manera que la tensión Yang, al ser reprimida una y otra vez, se almacena, convirtiéndose en Yin porque llega a su extremo, y entonces provoca la inmovilización.

Todo esto se produce en segundos; casi de manera simultánea. A causa de la rapidez y la constante repetición de estas situaciones, no somos conscientes hasta que aparecen los síntomas de dolor, tensión y contracción. El constante desgaste de la energía Yang, por la infinita repetición a lo largo de los años, consume grandes cantidades de esta energía, y el exceso de consumo de esta energía Yang deriva hacia otra enfermedad, el síndrome de fatiga crónica.

Todo esto es de una complejidad extrema, muy difícil de prevenir. Si el enfermo no tiene información y no comprende las causas de su enfermedad, nunca podrá curarse, porque con el tiempo la sintomatología se transforma en una condición que asume como natural, y ya no sabe que puede vivir de otra manera. Podríamos sintetizar todo el proceso en una simple frase, que, si bien es muy difícil de cumplir, define con exactitud cómo tenemos que cambiar nuestra actitud: eso que piensas, hazlo; si no, no lo pienses.

Resumiendo: Los enfermos de fibromialgia y del síndrome de fatiga crónica tienen la tendencia, por diversas causas, a no cristalizar con acciones concretas o con palabras aquello que previamente han pensado que harían o dirían. Podríamos decir que lo reprimen en principio, acumulando gran cantidad de energía en forma de tensiones corporales de todo tipo, que derivan en una gran cantidad de síntomas. Dicho de otra manera, consumen grandes cantidades de energía, que se pierde antes de ser exteriorizada a través de la palabra o de acciones concretas. Como la energía ni se crea ni se destruye, es acumulada en el cuerpo, y esta acumulación de energía, fuera de sus canales habituales, se transforma en eso que la Medicina Tradicional China llama ‘energía perversa’. Es una expresión muy adecuada, con la que seguro que estarán de acuerdo todos los afectados por esta enfermedad y otras enfermedades.

La fibromialgia se produce por un cúmulo de circunstancias que a la larga coinciden en un punto; la palabra clave que define este punto es ‘represión’. Puede tener muchas causas. La característica principal de la persona que padece fibromialgia es la búsqueda permanente de la valoración personal a través de la opinión de los demás. Busca la reafirmación personal haciendo aquello que los demás esperan de ella sin tener en cuenta su propia voluntad, por lo que reprime sus opiniones o acciones, las cuales sacrifica a cambio de sentirse amada, valorada y con el respaldo del entorno. Detrás de todo esto hay un orgullo que busca siempre dar una imagen adecuada a la valoración que tiene de sí mismo. Cuando no lo consigue, que ocurre en la mayoría de las veces, el individuo cae en el otro extremo y se expresa a través de la falta de autoestima y del menosprecio personal por no haber conseguido que el otro le confirme la opinión que tiene de sí mismo.

Todo este proceso va siempre acompañado de una ira contenida que, al no poder ser expresada y transferida hacia los demás, es reprimida, y, como consecuencia, se produce una autoagresión, traducida en sufrimiento y miedo al no poder estar a la altura de las circunstancias. No es más que la descripción de los mecanismos más sencillos, ya que intervienen muchas deformaciones psíquicas que, en definitiva, configuran aquello que llamamos el conjunto de defectos psicológicos. Tardaríamos mucho tiempo en definirlos a todos, pues la intervención de estos es, en definitiva, la causa, no solamente de la fibromialgia, sino de todas las enfermedades que padece el ser humano.

Es evidente que solo a través del autoconocimiento y la comprensión podemos eliminar la causa del sufrimiento y del dolor que padece la humanidad. En definitiva, son nuestras deformaciones psíquicas, en sus infinitas manifestaciones, quien produce las enfermedades a través de los cuatro cuerpos: mental, emocional, energético y físico.

Por qué fibrom.

La fibromialgia es una enfermedad multifactorial, como todas las enfermedades. Sin embargo, desde mi experiencia, puedo decir que el desencadenante fue el factor emocional.

Padecer fibromialgia es haber caído en el engaño de las creencias, de las máscaras y de las emociones. Para salirte has de aprender a desaprender todo tu bagaje y volverte a reinventar, pero esta vez eres tú y solamente tú quien crea la nueva persona, a través de nuevos pensamientos, nuevos sentimientos, nuevas acciones.

La época que nos ha tocado vivir se considera como un período de evolución acelerada de competencia individual. Desaparece un mundo viejo mientras se está construyendo uno nuevo. Nosotros, protagonistas de este cambio, tenemos un pie en el viejo y otro en el nuevo, que todavía no es del todo sólido a causa de patrones sociales, conductuales y creencias del viejo mundo patriarcal grabado en nuestro ADN.

Los cambios empiezan con la atención y la autoobservación. Si estás siempre atento te darás cuenta de todos los detalles que, por pequeños que sean, te dan una información muy valiosa para reorientarte y conectarte a la vida.

La autoobservación es para ver cómo respondemos al entorno: si el lugar donde estoy es bueno para mí; cómo me siento; si mejora o empeora mi estado de ánimo cuando permanezco en él; cómo cambia mi cuerpo (¿se siente más cansado o más ligero?); cómo duermo en determinado lugar, etc. Y la autoobservación sirve también para ver cómo respondemos respecto a los demás: cómo son nuestras relaciones y comunicaciones con las otras personas; si estoy bien con un grupo o estoy mal con otro… La dificultad nos reorienta hacia la selección de lo que nos conviene.

Con la atención y la autoobservación será difícil caer en la ansiedad o en la depresión. La ansiedad se produce cuando llevas una vida demasiado acelerada, sin tiempo para ti mismo, y caes en la depresión cuando te decepcionas por haber perdido el sentido de la vida.

Siempre procuro recibir más información practicando meditación cada día, ya que gracias a ella se encuentra paz y calma y es fuente de mensajes para reorientar la nueva vida; nuevas ideas fluyen sin esfuerzo para darle un nuevo sentido.

Casi todas nuestras emociones durante el proceso de la enfermedad se basan en la acusación: alguien más es culpable. Si comprendemos que somos nosotros la causa de todo lo que nos pasa, eso cambia las circunstancias.

Tenemos tendencia a guardar rencor hacia los que nos corrigen, nos reprenden, nos llevan la contraria, y resentimiento hacia quienes frustran nuestras expectativas, pero si la persona no tiene oposición ni enemigos permanecerá dormida encima de su fuerza latente.

La contrariedad, la represión… son amargas y detestables, pero constituyen el incentivo que nos llevará a un gran vacío que es bueno para nosotros, si entendemos que nos despierta.

La expresión de la ira es efímera, inútil y perjudicial. Por ley de causa y efecto nos retorna con sus consecuencias como si se tratase de un bumerang.

Ha llegado la hora de dejar de culpar a los demás (los padres, el destino…) por los errores cometidos contra nosotros y de asumir nuestra propia responsabilidad.

Se han de unir muchos factores para que se desarrolle esta enfermedad:

El primero de ellos es que la persona afectada tiene un alto grado de sensibilidad respecto al medio que le rodea. Esta es una característica muy buena, porque le permite gozar con más intensidad de los cinco sentidos y por tanto de la vida. Pero las cosas malas se leen también rápidamente, como si se tratase de un libro abierto. En cualquier ambiente sabemos rápidamente si se respira bienestar o si hay algún conflicto. Miramos la cara de las personas y sabemos qué día tienen, etc. Captamos como esponjas todo lo que es malo de cada situación.
Somos personas a quienes nos gusta que todo el mundo esté bien, como si nuestra felicidad dependiera de los otros. Si alguien sufre, nuestra vida entra en conflicto y nos convertimos en Juana de Arco para intentar solucionar el problema, muchas veces sin que nos hayan pedido ayuda y complicándonos la vida innecesariamente, lo cual nos repercute en un desgaste de energía.

Otro factor muy importante es la infancia; el ambiente familiar y el de la escuela. Si los dos lugares son ambientes represivos se produce un terreno propicio para el desarrollo de la obediencia y la sumisión. Si no hay una reflexión lógica ni ninguna explicación por parte del adulto, se produce un crecimiento considerable de la incomprensión respecto a la ira. Y la ira reprimida se dirige hacia el inconsciente, ya que es evidente que el niño, por una cuestión de supervivencia, ha de mantener la ilusión de que los padres y los maestros son perfectos porque depende de ellos intelectual y emocionalmente.

Somos muy inseguras; buscamos y necesitamos la aprobación de los otros para reafirmarnos. Nos esforzamos mucho para ser queridas, para ser el centro de atención dentro de un grupo, para destacar. De esta manera nos convertimos en personas orgullosamente perfeccionistas, lo cual nos lleva a una carga de sufrimiento innecesario, ya que buscar la perfección es un trabajo siempre duro y fuertemente utópico.

La rigidez, en más o menos grado, es una particularidad común en las personas con esta enfermedad. Los patrones de comportamiento, los hábitos, la rutina, las creencias… Son bastante inamovibles, por no decir del todo.

Hay una gran capacidad de somatización de los conflictos. El cuerpo se convierte rápidamente en el espejo donde se van reflejando todos los problemas de la vida que no se quieren afrontar y resolver. A cada contrariedad aparece un síntoma, que nunca se entiende como efecto de una causa. De esta manera van apareciendo más y más síntomas, sin ningún tipo de consciencia de este vínculo tan obvio entre causa y efecto.

El entorno es muy importante en el desarrollo de la enfermedad. La vida de las personas con las características anteriores no tiene muchas dificultades si la atmósfera donde se mueven es plácida y amorosa, pero todos sabemos que la vida es una escuela de aprendizaje y tarde o temprano las dificultades se presentan una detrás de otra y el ambiente se enrarece rápidamente. Si el ambiente externo es muy exigente, y sobrepasa el nivel de la persona, se produce una tensión, un sobreesfuerzo desmesurado que dificulta la vida y que, a la larga, conlleva a sufrir enfermedades. Si además, la exigencia viene acompañada por descalificaciones (“tú no”, “tú calla”, “tú no lo sabes hacer”, “no lo entiendes”…), la dificultad crece y la ira reprimida también.

Otro factor es la predisposición a la enfermedad. En mi caso yo era una niña que, exceptuando una bronconeumonía, no padecí ninguna enfermedad grave, pero siempre tenía pequeños problemas de salud que hicieron que mi familia me calificara como una niña ‘pupas’. Creo que desde entonces empecé a somatizar las dificultades con las que me enfrentaba a la vida; mi estructura psicológica inició el proceso hacia la fibromialgia.

Tóxicos en el cuerpo. Es muy importante saber que la sociedad actual permite que lentamente nos vayamos envenenando con tóxicos. Las radiaciones electromagnéticas ambientales, las fluoraciones en las escuelas, las vacunas, las amalgamas dentales con mercurio, contaminantes derivados de la industria del petróleo en los productos de higiene corporal y de la casa, y la larga lista de sustancias químicas en los alimentos, hacen que incrementen toda clase de enfermedades en la que la fibromialgia, síndrome de fatiga crónica y la sensibilidad química múltiple son las que más ponen en evidencia que el hígado ya no puede más.