Continuando con el tema desarrollado en el post Cerrando ciclos, quiero compartir las siguientes palabras que deseo os sean inspiradoras.

«La evolución son cambios. Uno de ellos es el crecimiento espiritual»

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TIPS SOBRE CRECIMIENTO ESPIRITUAL

  • Aprenderemos a amar conscientemente, con el corazón; primero amarse a uno mismo, pero no egoístamente, sino buscando la vía de la liberación y del respeto hacia nosotros, controlando nuestras energías. Todos tenemos muchos valores que están ocultos, a causa de las exigencias sociales, la educación rígida, etc.
  • Cuando quieras algo, canaliza la energía para conseguirlo.
  • Para salir de la esclavitud psicológica haremos un trabajo individual que consiste en descubrir las facultades y los valores que hay en nuestro interior.
  • Seremos conscientes de nuestros límites para no convertirnos en esclavos.
  • Asumiremos nuestra propia responsabilidad personal con voluntad y esfuerzo si queremos conseguir algo, ya que no nos regalarán nada. Hemos de cambiar para hacer un nuevo mundo dentro y fuera de nosotros mismos.
  • El pensamiento es energía, pero ¿cómo incide sobre la materia? La mente emite una energía muy potente a la que nadie da importancia. Materializamos lo que previamente hemos pensado.
  • Nosotros nos tratamos igual que nos trataron nuestros padres. Son registros que tenemos y aplicamos a lo largo de la vida que hemos de borrar para poder vivir sin sentirnos culpables.
  • Crecer siempre implica un acto de poder. No hemos venido a este mundo a vegetar; hemos venido a evolucionar como conciencias. Si no lo hacemos la mecánica de la vida nos lleva hacia la involución.
  • Vivimos en el cuerpo pero no somos el cuerpo. Somos mucho más.
  • Nuestra experiencia vivida y comprendida es nuestra propia verdad; es la sabiduría de la conciencia. Entonces podemos decir: “Yo no creo; yo sé”.
  • Con las decisiones tomadas desde la conciencia perdemos el miedo y tenemos más confianza en nosotros mismos, más autoestima y más fortaleza interior. Todo está en nuestro interior; fuera no hay nada. Es necesaria una introspección para saber que la realidad exterior es el reflejo de nuestra realidad interna.
  • Tomaremos conciencia del proceso mecánico constituido por estos pasos: pensamiento, emoción, actitud, tensión, acción y, finalmente, no identificarnos con lo que les pasa a los demás. Me separo y me autoobservo, y dirijo este proceso conscientemente.
  • Reconoceremos en nuestro interior las tres fuerzas: atención (fuera y dentro), recuerdo de sí (quién soy) y autoobservación (cómo me siento y qué hago). La conciencia las unifica y las dirige de acuerdo con sus intereses, a partir de un acto de poder.
  • Todos nos hemos de enfrentar con nuestras propias creaciones: penas y alegrías, salud y enfermedad, etc. Es la ley de recurrencia, ya que todo se repite hasta llegar a la comprensión. Hemos de llegar a la comprensión de las circunstancias que vivimos para modificar sus causas y efectos y así poder dirigir conscientemente nuestra vida.
  • Agradeceremos las dificultades y los obstáculos de la vida; cuanto más grandes sean, más nos harán crecer si los sabemos aprovechar conscientemente.
  • El agradecimiento a todo y a todos y, especialmente, a la vida, es la llave que nos abrirá las puertas de nuestro crecimiento espiritual.
  • Allí donde hay dolor, no hay amor. La ausencia de amor siempre conlleva sufrimiento. Donde hay amor no hay dolor.
  • El amor es la fuerza universal que todo la apacigua, suaviza y simplifica. Pero este ha de ser un amor consciente. El amor consciente no puede estar sometido a opiniones, conceptos o individualismos. El amor consciente es como el sol: ilumina lo perfecto e imperfecto. No hace diferencias.
  • Como estamos programados desde la infancia en la polarización del bien y del mal, el me gusta y no me gusta, no podemos extraer ni expresar la verdad que tenemos delante porque no la vemos ni la podemos reconocer. En general, tenemos el centro de gravedad en el aspecto negativo; casi siempre pensamos en negativo. Por ejemplo, la fibromialgia no se puede curar.
  • Las cosas y los actos no son ni buenos ni malos. A partir de aquello que son, nos convienen o no nos convienen. Aquí radica la verdadera y libre elección.
  • Nos conviene todo aquello que representa un desarrollo, un despertar, una mejora material, psicoemocional y espiritual para nosotros y para los demás.
  • En muchos casos puede haber mucho mal en aquello que nos parece bueno o se considera socialmente bueno. Y a la inversa; puede haber mucho bien en aquello que aparentemente parece malo. Por esto, el bien y el mal son relativos.
  • Siempre depositamos nuestras expectativas de felicidad en los otros. La felicidad no está fuera, sino en nuestro interior. La búsqueda de esta felicidad está en el autoconocimiento.
  • Si no hay revolución, no hay cambio, y la esclavitud psicológica continúa creciendo y creciendo. ¿Quién se revoluciona dentro de nosotros? La conciencia.
  • El pobre no es quien no tiene dinero; es quien no sabe. Caemos en muchos errores por la ignorancia: enfermedades, desgracias, sufrimientos, etc.
  • La causa fundamental de la enfermedad es la ignorancia. En muchos casos, es apoyada por el sistema, por los intereses creados dentro de las corporaciones (esto ocurre en alimentación, política, medicina, etc).
  • Hay una profunda división en la humanidad. Se ha desvinculado la materia del espíritu, y esto ha producido que nos introduzcamos en la oscuridad y en la ignorancia de la razón de la existencia. Materia y espíritu son uno; son los extremos de una misma cosa.
  • Descubriremos en nuestro interior los valores, reconocerlos y desarrollarlos buscando la perfección de nuestros pensamientos, emociones y actos. Las cosas no son ni buenas ni malas; son perfectas o imperfectas. Si buscamos la perfección, eliminaremos la dualidad y caminaremos hacia la unidad.
  • La perfección es la acción correcta en el momento justo y el lugar adecuado.

 

Si deseas ampliar información, consulta el libro Hablemos de Fibromialgia

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A veces no podemos asimilar todas las dificultades que aparecen simultáneamente.  El conflicto emocional es el detonante del cáncer. Si la persona es capaz de resolverlo, se detiene el proceso. Pero si no es capaz, se inicia la enfermedad. Aun así, siempre se puede resolver, aunque se haya iniciado.

La resolución del conflicto es indispensable en el proceso hacia la salud. De poco servirán los tratamientos físicos si no comprendemos y solucionamos primero los factores que le preceden y que han iniciado la enfermedad.

Hay que considerar que los conflictos emocionales producen cambios biológicos en nuestro organismo. Incluso emociones como la ansiedad modifican, junto con los disgustos y los sustos, nuestra capacidad inmunológica. Cuando estos conflictos se liberan, el organismo es capaz de restablecer la salud, tiene la capacidad de iniciar el proceso de autocuración.

Pensamientos rígidos + Conflictos emocionales estancados = enfermedad

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El estudio de las razones psicoemocionales como detonante de esta enfermedad tiene en las Leyes del Dr. Hamer, su mejor ejemplo. Asímismo, recientemente se han llevado a cabo varios estudios publicados en la famosa revista Nature, que demuestran la relación que existe entre el cáncer y estados psico-emocionales como el estrés (leer más aquí).

(Sobre este tema encontrarás más información en Alimentación, energía vital en el Cáncer)

 

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El cuerpo siempre obedece a las órdenes de la mente.  Las creencias, los pensamientos, las emociones, los sentimientos, los deseos, las aversiones, etc. son el software con el cual están programadas todas las células de nuestro organismo, pudiendo modificar incluso el comportamiento genético de nuestro ADN.  Es una programación diaria, segundo a segundo, que tiene sus mejores posibilidades cuando existe el amor a nosotros mismos. Nuestras células necesitan amor, aceptación de cómo somos sin censuras, del cuidado diario como respetar los horarios, comer adecuadamente, hacer relajación y practicar la meditación, estar en contacto con la naturaleza siempre que se pueda, hacer ejercicio, evitar las tensiones emocionales y resolver las del pasado…

Las emociones no expresadas son el origen de la mayoría de las enfermedades, y entre ellas el cáncer.

El cáncer está relacionado con las emociones inhibidas y un profundo resentimiento. Generalmente, por la falta de expresión de nuestras emociones más escondidas y profundas debido a conflictos internos que perduran en el tiempo, como por ejemplo: la culpabilidad, el odio, la desesperación, la tensión. Todo ello como base para que cuando ocurra una desgracia que nos supere y no sepamos expresar y compartir, se inicie la enfermedad.

La enfermedad aparece cuando nos hemos olvidado de nosotros mismos y de cuidar de nuestro mundo interior.

En nuestra sociedad vivimos casi exclusivamente en el mundo exterior. Sólo nos preocupa la relación con los demás, sin pensar en nuestro mundo interior, olvidándonos de nosotros mismos. La enfermedad nos muestra la posibilidad de abrir el diálogo con nosotros mismos, de iniciar una nueva vida y de hacernos preguntas como: ¿Quiénes somos? ¿Qué pensamos? ¿Qué queremos en la vida? ¿Cuáles son nuestros sueños?

Esta nueva vida empieza por dedicarnos tiempo para nosotros, para buscar una existencia más equilibrada, dejando atrás la ira, el resentimiento, para sustituirlos por la aceptación y el perdón hacia nosotros, para empezar a querernos y poder querer a los demás.

También tiene que dirigirse a ordenar nuestras verdaderas necesidades y comprender que la salud se encuentra en una nueva actitud frente a la vida, reconociendo que la vida merece ser vivida y nosotros merecemos vivirla.

Vivir el instante presente sin volver al pasado ni preocuparnos por el futuro.

(Puedes seguir leyendo en Alimentación, energía vital en el Cáncer)

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La impresión es un estímulo sobre nuestra condición, que se introduce en nosotros a través del plexo solar y de los cinco sentidos.
Para mejorar nuestra condición, hemos de poner conciencia en el viaje que realiza la impresión. Cada impresión que recibimos entra primero por el plexo solar, pasa a la mente (pensamiento), se identifica con el arquetipo, después pasa por el corazón (emoción) y por último nos lleva a la acción.
Las impresiones nos tienen que llegar a la conciencia para poder mejorar nuestra condición (la conciencia es la capacidad de autoreconocerse y reconocer, es portadora de luz propia).
Cuando la impresión llega a la mente, nosotros tenemos que dirigir la impresión; para ello tenemos que usar la atención y eso se hace sin esfuerzo e instantáneamente cuando interviene la conciencia.
Después la impresión, en su segundo paso, llega al corazón; nosotros tenemos que sentir la impresión, para ello es necesario el recuerdo de sí para poderla comprender.
Por último, la impresión comprendida nos lleva a la acción y para ello necesitaremos de la autoobservación para ver el resultado de la acción en nosotros y en los demás y las consecuencias de nuestros actos.
Hay impresiones que se estancan, a esto se le llama reacción mecánica. Por ejemplo, la impresión insulto puede quedarse en la mente y no continuar su proceso, porque se reacciona mecánicamente con un enfado, cuando no estamos conscientes. La impresión puede pasar de la mente a la emoción y sentir mucha mucha rabia porque no estamos conscientes.
La impresión puede que pase por la mente y la emoción, hasta llegar a la acción, pero si no hay conciencia, la acción puede ser una agresión mecánica (una bofetada, por ejemplo).
Cuando la impresión es muy fuerte, activa la conciencia; pero en la gran mayoría de los casos sólo eso y sin continuidad.
¿Qué es lo que impide que las impresiones lleguen a la conciencia? Son los defectos (pereza, codicia, lujuria, soberbia, ira, gula y envidia).
Si la impresión llega a la conciencia, no se pierde jamás porque ha pasado por el entendimiento, por la compresión y se llega a la acción con la máxima perfección para quedar almacenada en la conciencia. Ejemplo:
Si nos insultan, tenemos la impresión insulto, con una reacción inconsciente o consciente:

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En la fibromialgia, muchas veces la impresión se queda en el corazón.
No hay continuidad hacia la acción.

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Hemos visto cómo podemos reaccionar frente a la ira. El otro defecto que acompaña a la ira en la fibromialgia es la soberbia, que nos lleva al desprecio. El servicio y la sencillez nos ayudan a superarla.
¿Cuál es el defecto que nos impide hacer el trabajo bien hecho? Es la soberbia, que no acepta que nos corrijan. El valor de la humildad nos permite ver nuestros errores, nuestras dificultades… El humilde no gasta energía. Darse cuenta es el principio del cambio, pero primero hemos de comprender.

Por qué fibrom.

La fibromialgia es una enfermedad multifactorial, como todas las enfermedades. Sin embargo, desde mi experiencia, puedo decir que el desencadenante fue el factor emocional.

Padecer fibromialgia es haber caído en el engaño de las creencias, de las máscaras y de las emociones. Para salirte has de aprender a desaprender todo tu bagaje y volverte a reinventar, pero esta vez eres tú y solamente tú quien crea la nueva persona, a través de nuevos pensamientos, nuevos sentimientos, nuevas acciones.

La época que nos ha tocado vivir se considera como un período de evolución acelerada de competencia individual. Desaparece un mundo viejo mientras se está construyendo uno nuevo. Nosotros, protagonistas de este cambio, tenemos un pie en el viejo y otro en el nuevo, que todavía no es del todo sólido a causa de patrones sociales, conductuales y creencias del viejo mundo patriarcal grabado en nuestro ADN.

Los cambios empiezan con la atención y la autoobservación. Si estás siempre atento te darás cuenta de todos los detalles que, por pequeños que sean, te dan una información muy valiosa para reorientarte y conectarte a la vida.

La autoobservación es para ver cómo respondemos al entorno: si el lugar donde estoy es bueno para mí; cómo me siento; si mejora o empeora mi estado de ánimo cuando permanezco en él; cómo cambia mi cuerpo (¿se siente más cansado o más ligero?); cómo duermo en determinado lugar, etc. Y la autoobservación sirve también para ver cómo respondemos respecto a los demás: cómo son nuestras relaciones y comunicaciones con las otras personas; si estoy bien con un grupo o estoy mal con otro… La dificultad nos reorienta hacia la selección de lo que nos conviene.

Con la atención y la autoobservación será difícil caer en la ansiedad o en la depresión. La ansiedad se produce cuando llevas una vida demasiado acelerada, sin tiempo para ti mismo, y caes en la depresión cuando te decepcionas por haber perdido el sentido de la vida.

Siempre procuro recibir más información practicando meditación cada día, ya que gracias a ella se encuentra paz y calma y es fuente de mensajes para reorientar la nueva vida; nuevas ideas fluyen sin esfuerzo para darle un nuevo sentido.

Casi todas nuestras emociones durante el proceso de la enfermedad se basan en la acusación: alguien más es culpable. Si comprendemos que somos nosotros la causa de todo lo que nos pasa, eso cambia las circunstancias.

Tenemos tendencia a guardar rencor hacia los que nos corrigen, nos reprenden, nos llevan la contraria, y resentimiento hacia quienes frustran nuestras expectativas, pero si la persona no tiene oposición ni enemigos permanecerá dormida encima de su fuerza latente.

La contrariedad, la represión… son amargas y detestables, pero constituyen el incentivo que nos llevará a un gran vacío que es bueno para nosotros, si entendemos que nos despierta.

La expresión de la ira es efímera, inútil y perjudicial. Por ley de causa y efecto nos retorna con sus consecuencias como si se tratase de un bumerang.

Ha llegado la hora de dejar de culpar a los demás (los padres, el destino…) por los errores cometidos contra nosotros y de asumir nuestra propia responsabilidad.

Se han de unir muchos factores para que se desarrolle esta enfermedad:

El primero de ellos es que la persona afectada tiene un alto grado de sensibilidad respecto al medio que le rodea. Esta es una característica muy buena, porque le permite gozar con más intensidad de los cinco sentidos y por tanto de la vida. Pero las cosas malas se leen también rápidamente, como si se tratase de un libro abierto. En cualquier ambiente sabemos rápidamente si se respira bienestar o si hay algún conflicto. Miramos la cara de las personas y sabemos qué día tienen, etc. Captamos como esponjas todo lo que es malo de cada situación.
Somos personas a quienes nos gusta que todo el mundo esté bien, como si nuestra felicidad dependiera de los otros. Si alguien sufre, nuestra vida entra en conflicto y nos convertimos en Juana de Arco para intentar solucionar el problema, muchas veces sin que nos hayan pedido ayuda y complicándonos la vida innecesariamente, lo cual nos repercute en un desgaste de energía.

Otro factor muy importante es la infancia; el ambiente familiar y el de la escuela. Si los dos lugares son ambientes represivos se produce un terreno propicio para el desarrollo de la obediencia y la sumisión. Si no hay una reflexión lógica ni ninguna explicación por parte del adulto, se produce un crecimiento considerable de la incomprensión respecto a la ira. Y la ira reprimida se dirige hacia el inconsciente, ya que es evidente que el niño, por una cuestión de supervivencia, ha de mantener la ilusión de que los padres y los maestros son perfectos porque depende de ellos intelectual y emocionalmente.

Somos muy inseguras; buscamos y necesitamos la aprobación de los otros para reafirmarnos. Nos esforzamos mucho para ser queridas, para ser el centro de atención dentro de un grupo, para destacar. De esta manera nos convertimos en personas orgullosamente perfeccionistas, lo cual nos lleva a una carga de sufrimiento innecesario, ya que buscar la perfección es un trabajo siempre duro y fuertemente utópico.

La rigidez, en más o menos grado, es una particularidad común en las personas con esta enfermedad. Los patrones de comportamiento, los hábitos, la rutina, las creencias… Son bastante inamovibles, por no decir del todo.

Hay una gran capacidad de somatización de los conflictos. El cuerpo se convierte rápidamente en el espejo donde se van reflejando todos los problemas de la vida que no se quieren afrontar y resolver. A cada contrariedad aparece un síntoma, que nunca se entiende como efecto de una causa. De esta manera van apareciendo más y más síntomas, sin ningún tipo de consciencia de este vínculo tan obvio entre causa y efecto.

El entorno es muy importante en el desarrollo de la enfermedad. La vida de las personas con las características anteriores no tiene muchas dificultades si la atmósfera donde se mueven es plácida y amorosa, pero todos sabemos que la vida es una escuela de aprendizaje y tarde o temprano las dificultades se presentan una detrás de otra y el ambiente se enrarece rápidamente. Si el ambiente externo es muy exigente, y sobrepasa el nivel de la persona, se produce una tensión, un sobreesfuerzo desmesurado que dificulta la vida y que, a la larga, conlleva a sufrir enfermedades. Si además, la exigencia viene acompañada por descalificaciones (“tú no”, “tú calla”, “tú no lo sabes hacer”, “no lo entiendes”…), la dificultad crece y la ira reprimida también.

Otro factor es la predisposición a la enfermedad. En mi caso yo era una niña que, exceptuando una bronconeumonía, no padecí ninguna enfermedad grave, pero siempre tenía pequeños problemas de salud que hicieron que mi familia me calificara como una niña ‘pupas’. Creo que desde entonces empecé a somatizar las dificultades con las que me enfrentaba a la vida; mi estructura psicológica inició el proceso hacia la fibromialgia.

Tóxicos en el cuerpo. Es muy importante saber que la sociedad actual permite que lentamente nos vayamos envenenando con tóxicos. Las radiaciones electromagnéticas ambientales, las fluoraciones en las escuelas, las vacunas, las amalgamas dentales con mercurio, contaminantes derivados de la industria del petróleo en los productos de higiene corporal y de la casa, y la larga lista de sustancias químicas en los alimentos, hacen que incrementen toda clase de enfermedades en la que la fibromialgia, síndrome de fatiga crónica y la sensibilidad química múltiple son las que más ponen en evidencia que el hígado ya no puede más.