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A veces no podemos asimilar todas las dificultades que aparecen simultáneamente.  El conflicto emocional es el detonante del cáncer. Si la persona es capaz de resolverlo, se detiene el proceso. Pero si no es capaz, se inicia la enfermedad. Aun así, siempre se puede resolver, aunque se haya iniciado.

La resolución del conflicto es indispensable en el proceso hacia la salud. De poco servirán los tratamientos físicos si no comprendemos y solucionamos primero los factores que le preceden y que han iniciado la enfermedad.

Hay que considerar que los conflictos emocionales producen cambios biológicos en nuestro organismo. Incluso emociones como la ansiedad modifican, junto con los disgustos y los sustos, nuestra capacidad inmunológica. Cuando estos conflictos se liberan, el organismo es capaz de restablecer la salud, tiene la capacidad de iniciar el proceso de autocuración.

Pensamientos rígidos + Conflictos emocionales estancados = enfermedad

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El estudio de las razones psicoemocionales como detonante de esta enfermedad tiene en las Leyes del Dr. Hamer, su mejor ejemplo. Asímismo, recientemente se han llevado a cabo varios estudios publicados en la famosa revista Nature, que demuestran la relación que existe entre el cáncer y estados psico-emocionales como el estrés (leer más aquí).

(Sobre este tema encontrarás más información en Alimentación, energía vital en el Cáncer)

 

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El cuerpo siempre obedece a las órdenes de la mente.  Las creencias, los pensamientos, las emociones, los sentimientos, los deseos, las aversiones, etc. son el software con el cual están programadas todas las células de nuestro organismo, pudiendo modificar incluso el comportamiento genético de nuestro ADN.  Es una programación diaria, segundo a segundo, que tiene sus mejores posibilidades cuando existe el amor a nosotros mismos. Nuestras células necesitan amor, aceptación de cómo somos sin censuras, del cuidado diario como respetar los horarios, comer adecuadamente, hacer relajación y practicar la meditación, estar en contacto con la naturaleza siempre que se pueda, hacer ejercicio, evitar las tensiones emocionales y resolver las del pasado…

Las emociones no expresadas son el origen de la mayoría de las enfermedades, y entre ellas el cáncer.

El cáncer está relacionado con las emociones inhibidas y un profundo resentimiento. Generalmente, por la falta de expresión de nuestras emociones más escondidas y profundas debido a conflictos internos que perduran en el tiempo, como por ejemplo: la culpabilidad, el odio, la desesperación, la tensión. Todo ello como base para que cuando ocurra una desgracia que nos supere y no sepamos expresar y compartir, se inicie la enfermedad.

La enfermedad aparece cuando nos hemos olvidado de nosotros mismos y de cuidar de nuestro mundo interior.

En nuestra sociedad vivimos casi exclusivamente en el mundo exterior. Sólo nos preocupa la relación con los demás, sin pensar en nuestro mundo interior, olvidándonos de nosotros mismos. La enfermedad nos muestra la posibilidad de abrir el diálogo con nosotros mismos, de iniciar una nueva vida y de hacernos preguntas como: ¿Quiénes somos? ¿Qué pensamos? ¿Qué queremos en la vida? ¿Cuáles son nuestros sueños?

Esta nueva vida empieza por dedicarnos tiempo para nosotros, para buscar una existencia más equilibrada, dejando atrás la ira, el resentimiento, para sustituirlos por la aceptación y el perdón hacia nosotros, para empezar a querernos y poder querer a los demás.

También tiene que dirigirse a ordenar nuestras verdaderas necesidades y comprender que la salud se encuentra en una nueva actitud frente a la vida, reconociendo que la vida merece ser vivida y nosotros merecemos vivirla.

Vivir el instante presente sin volver al pasado ni preocuparnos por el futuro.

(Puedes seguir leyendo en Alimentación, energía vital en el Cáncer)

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La impresión es un estímulo sobre nuestra condición, que se introduce en nosotros a través del plexo solar y de los cinco sentidos.
Para mejorar nuestra condición, hemos de poner conciencia en el viaje que realiza la impresión. Cada impresión que recibimos entra primero por el plexo solar, pasa a la mente (pensamiento), se identifica con el arquetipo, después pasa por el corazón (emoción) y por último nos lleva a la acción.
Las impresiones nos tienen que llegar a la conciencia para poder mejorar nuestra condición (la conciencia es la capacidad de autoreconocerse y reconocer, es portadora de luz propia).
Cuando la impresión llega a la mente, nosotros tenemos que dirigir la impresión; para ello tenemos que usar la atención y eso se hace sin esfuerzo e instantáneamente cuando interviene la conciencia.
Después la impresión, en su segundo paso, llega al corazón; nosotros tenemos que sentir la impresión, para ello es necesario el recuerdo de sí para poderla comprender.
Por último, la impresión comprendida nos lleva a la acción y para ello necesitaremos de la autoobservación para ver el resultado de la acción en nosotros y en los demás y las consecuencias de nuestros actos.
Hay impresiones que se estancan, a esto se le llama reacción mecánica. Por ejemplo, la impresión insulto puede quedarse en la mente y no continuar su proceso, porque se reacciona mecánicamente con un enfado, cuando no estamos conscientes. La impresión puede pasar de la mente a la emoción y sentir mucha mucha rabia porque no estamos conscientes.
La impresión puede que pase por la mente y la emoción, hasta llegar a la acción, pero si no hay conciencia, la acción puede ser una agresión mecánica (una bofetada, por ejemplo).
Cuando la impresión es muy fuerte, activa la conciencia; pero en la gran mayoría de los casos sólo eso y sin continuidad.
¿Qué es lo que impide que las impresiones lleguen a la conciencia? Son los defectos (pereza, codicia, lujuria, soberbia, ira, gula y envidia).
Si la impresión llega a la conciencia, no se pierde jamás porque ha pasado por el entendimiento, por la compresión y se llega a la acción con la máxima perfección para quedar almacenada en la conciencia. Ejemplo:
Si nos insultan, tenemos la impresión insulto, con una reacción inconsciente o consciente:

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Impresiones2
En la fibromialgia, muchas veces la impresión se queda en el corazón.
No hay continuidad hacia la acción.

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Hemos visto cómo podemos reaccionar frente a la ira. El otro defecto que acompaña a la ira en la fibromialgia es la soberbia, que nos lleva al desprecio. El servicio y la sencillez nos ayudan a superarla.
¿Cuál es el defecto que nos impide hacer el trabajo bien hecho? Es la soberbia, que no acepta que nos corrijan. El valor de la humildad nos permite ver nuestros errores, nuestras dificultades… El humilde no gasta energía. Darse cuenta es el principio del cambio, pero primero hemos de comprender.

Por qué fibrom.

 

La fibromialgia es un bloqueo de la energía Yang del elemento madera (hígado y vesícula biliar) que se produce por no llevar a término aquello que previamente se ha pensado. La fibromialgia, desde el punto de vista del Yin y del Yang, es un exceso de Yang, y, por su intertransformación, se convierte en su extremo (Yin), cosa que provoca la parálisis de las funciones musculares.

En la práctica, el proceso es muy sencillo: cuando una persona recibe una impresión a través de los cinco sentidos, esta se asocia a los arquetipos e imágenes mentales, y produce una reacción en su mente que se traduce en pensamientos. Estos pensamientos (cuerpo mental) inmediatamente mueven emociones (cuerpo emocional). Las emociones generan una actitud (tensión muscular), y la postura corporal una acción (cuerpo físico).

La reacción que provoca la impresión en el cuerpo mental pocas veces puede ser controlada. Cuando, siguiendo su proceso natural, llega al cuerpo emocional, provoca las emociones. Estas emociones en seguida generan una postura corporal, que a su vez provoca una tensión. Podemos reprimir la acción, pero no podemos liberar la energía acumulada en la musculatura. De manera que la tensión Yang, al ser reprimida una y otra vez, se almacena, convirtiéndose en Yin porque llega a su extremo, y entonces provoca la inmovilización.

Todo esto se produce en segundos; casi de manera simultánea. A causa de la rapidez y la constante repetición de estas situaciones, no somos conscientes hasta que aparecen los síntomas de dolor, tensión y contracción. El constante desgaste de la energía Yang, por la infinita repetición a lo largo de los años, consume grandes cantidades de esta energía, y el exceso de consumo de esta energía Yang deriva hacia otra enfermedad, el síndrome de fatiga crónica.

Todo esto es de una complejidad extrema, muy difícil de prevenir. Si el enfermo no tiene información y no comprende las causas de su enfermedad, nunca podrá curarse, porque con el tiempo la sintomatología se transforma en una condición que asume como natural, y ya no sabe que puede vivir de otra manera. Podríamos sintetizar todo el proceso en una simple frase, que, si bien es muy difícil de cumplir, define con exactitud cómo tenemos que cambiar nuestra actitud: eso que piensas, hazlo; si no, no lo pienses.

Resumiendo: Los enfermos de fibromialgia y del síndrome de fatiga crónica tienen la tendencia, por diversas causas, a no cristalizar con acciones concretas o con palabras aquello que previamente han pensado que harían o dirían. Podríamos decir que lo reprimen en principio, acumulando gran cantidad de energía en forma de tensiones corporales de todo tipo, que derivan en una gran cantidad de síntomas. Dicho de otra manera, consumen grandes cantidades de energía, que se pierde antes de ser exteriorizada a través de la palabra o de acciones concretas. Como la energía ni se crea ni se destruye, es acumulada en el cuerpo, y esta acumulación de energía, fuera de sus canales habituales, se transforma en eso que la Medicina Tradicional China llama ‘energía perversa’. Es una expresión muy adecuada, con la que seguro que estarán de acuerdo todos los afectados por esta enfermedad y otras enfermedades.

La fibromialgia se produce por un cúmulo de circunstancias que a la larga coinciden en un punto; la palabra clave que define este punto es ‘represión’. Puede tener muchas causas. La característica principal de la persona que padece fibromialgia es la búsqueda permanente de la valoración personal a través de la opinión de los demás. Busca la reafirmación personal haciendo aquello que los demás esperan de ella sin tener en cuenta su propia voluntad, por lo que reprime sus opiniones o acciones, las cuales sacrifica a cambio de sentirse amada, valorada y con el respaldo del entorno. Detrás de todo esto hay un orgullo que busca siempre dar una imagen adecuada a la valoración que tiene de sí mismo. Cuando no lo consigue, que ocurre en la mayoría de las veces, el individuo cae en el otro extremo y se expresa a través de la falta de autoestima y del menosprecio personal por no haber conseguido que el otro le confirme la opinión que tiene de sí mismo.

Todo este proceso va siempre acompañado de una ira contenida que, al no poder ser expresada y transferida hacia los demás, es reprimida, y, como consecuencia, se produce una autoagresión, traducida en sufrimiento y miedo al no poder estar a la altura de las circunstancias. No es más que la descripción de los mecanismos más sencillos, ya que intervienen muchas deformaciones psíquicas que, en definitiva, configuran aquello que llamamos el conjunto de defectos psicológicos. Tardaríamos mucho tiempo en definirlos a todos, pues la intervención de estos es, en definitiva, la causa, no solamente de la fibromialgia, sino de todas las enfermedades que padece el ser humano.

Es evidente que solo a través del autoconocimiento y la comprensión podemos eliminar la causa del sufrimiento y del dolor que padece la humanidad. En definitiva, son nuestras deformaciones psíquicas, en sus infinitas manifestaciones, quien produce las enfermedades a través de los cuatro cuerpos: mental, emocional, energético y físico.