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«No esperes a que te curen, hazlo tú»

Cristina Sen – Barcelona – Edición impresa  Tendencias | 21/02/2015

«Aprendí a dejar de agradar, a no ser obediente y perfecta, causas de mi fibromialgia»

Dos años después de que le diagnosticaran fibromialgia, con un cargamento de pastillas a cuestas cada día y con unos dolores que sólo empeoraban, Maria Àngels Mestre decidió rebelarse. Postrada en la cama durante tres días por una contractura en la pelvis, incapaz de moverse, esta arquitecta barcelonesa que entonces tenía 54 años explica que tomó las riendas de su vida y de su salud. «Decidí que iba a dirigir yo misma mi proceso de curación, que iba a autogestionar mi enfermedad. No volví al hospital, fui abandonando las pastillas, opté por la medicina holística», explica. Y se curó.

Maria Àngels Mestre ha puesto su experiencia, el camino que ella recorrió, al alcance de todos aquellos que padecen alguna enfermedad crónica. Método Mestre es su cuarto libro, una síntesis de los anteriores que parten de su proceso de superación de la fibromialgia, de sus recomendaciones sobre alimentación para afrontar el cáncer y que ofrece gratuitamente. No quiere sustituir al médico, sino dar unas pautas «para que el enfermo deje de ser paciente y se convierta en el responsable activo de su salud». Desde una perspectiva global, integrando todo los aspectos del ser humano y su relación con el entorno.

Su anhelo de curarse, explica, es lo que le movió a abrir la mente y cambiar la forma de pensar, sentir y actuar. Había perdido las ganas de vivir, tenía la autoestima por el suelo. «El cuerpo -señala- obedece y enferma». Por ello indica que para curar el cuerpo hay que cuidar el alma y entender la salud como una globalidad con cinco pilares: espiritual, mental, emocional, bioenergético y físico. La alimentación se convierte en la principal medicina.

Maria Àngels aprendió a perdonar, perdonarse, y a ser antipática. El orgullo perfeccionista, el hacer siempre lo que se esperaba de ella para agradar, la ira contenida… todo fue lanzado por la ventana. Considera que la fibromialgia es una enfermedad que afecta sobre todo a las mujeres debido a una sociedad de patrones machistas represiva para ellas, obligadas a esconder las emociones. «Aprendí a dejar de ser sumisa y obediente, y a decir que no sin que me importase», explica. ¿Y la familia?. «Al principio estaban trastornados, pero también han aprendido».

¿Cómo pienso?¿Qué siento? ¿Cómo me relaciono con el entorno y conmigo misma?¿Con el medio en el que vivo?¿En qué me equivoco? La meditación le ayudo a digerir las emociones y a calmar la mente, probó la acupuntura, el shiatsu y llegó a la alimentación macrobiótica. Fue importante, subraya, «aprender a desaprender» y romper prejuicios.

Ella era arquitecta y no podía mover la mano, ni sentarse en una silla. Había ido perdiendo la energía, lo que define como el puente entre el espíritu y la materia, el motor de la acción. Años de mucho trabajo, recuerda, en los que se había apartado de la naturaleza, de sus fuentes de energía que «son medicinas». El sol, el aire (respiración, ejercicio), el agua, el sueño y la alimentación.

Mestre es hija, sobrina y hermana de médicos, pero decidió hacer su camino en un proceso en el que considera que la alimentación es una cuestión fundamental. Optó por la macrobiótica suprimiendo los alimentos acidificantes, oxidantes, inflamatorios y tóxicos. Entre otras cosas dejó de consumir azúcar, carnes procesadas, conservas y precocinados, lácteos y huevos. Llenó la despensa de cereales integrales, legumbres, algas marinas, pescado pequeño y salvaje, verduras de raíz. La sopa de miso fue uno de sus principales aliados y cada mañana bebe agua de mar.

Siete meses después se encontraba perfectamente y fue entonces cuando decidió cambiar de profesión. Dejó la arquitectura y su puso a escribir su experiencia y a dar charlas. Para vivir «sin tóxicos», internos y externos. Para ayudar a quien quiera seguir su camino.

MEDICINA DEL HÁBITAT

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GEOBIOLOGÍA

El hombre está expuesto constantemente a diversas radiaciones: unas provienen del cosmos, otras del subsuelo de la tierra y otras de nuestro entorno.

Todos ven claro lo que significan las radiaciones solares; algunos consideran también que la Luna es importante para nosotros, pero pocos aceptan que de la Tierra puedan surgir unas radiaciones que tienen una influencia positiva o negativa, dependiendo de la energía del lugar.

Hay diversos estudios que muestran la influencia de las radiaciones, sean naturales o artificiales. Dentro de las radiaciones naturales, las alteraciones telúricas pueden proceder de corrientes de agua, fallas, líneas Hartmann, líneas Curry, etc. Dentro de las radiaciones artificiales o del entorno podemos estar afectados por campos eléctricos, electromagnéticos, microondas, telefonía móvil…que tienen también una influencia negativa en la salud.

GEOPATÍAS

Cuando el hombre recibe un exceso de radiación procedente del subsuelo y del entorno durante un cierto tiempo aparece una geopatía que dependiendo de la naturaleza de cada persona puede influir sobre su salud en mayor o menor grado.

Estudios recientes indican que la leucemia y diversos tipos de cáncer pueden estar vinculados con la exposición a radiaciones a niveles muy altos o a radiaciones más débiles pero durante largo tiempo.

Las geopatías pueden ser causadas por:

1.-Corrientes de agua subterránea

Son las más patógenas. Se ha descubierto que en el caso de las enfermedades degenerativas, están presentes en más de un 80% de los casos. También tienen influencia sobre las enfermedades crónicas. Su radiación actúa en las defensas y provoca diversas disfunciones antes de llegar a la enfermedad.

2.- Redes de líneas Hartmann

Forman una cuadrícula sobre la tierra y están orientadas en las direcciones norte-sur y este-oeste. La anchura de estas líneas es aproximadamente de 20 cm y están separadas entre ellas desde 160 cm hasta 260 cm.

3.- Redes de líneas Curry

Forman otra cuadrícula nordeste-sudoeste y noroeste-sudeste. Sus líneas tienen una anchura de 40 cm y la separación entre ellas oscila entre 4 y 8 metros. Su sola radiación no acostumbra a ser patógena, ya que la intensidad energética que desprenden es baja, pero en los cruces sí que generan una radiación de tipo Yang.

Los efectos patógenos de la red Curry son más fuertes que los producidos por la red Hartmann.

Entre estas retículas de las redes Hartmann y Curry hay unas zonas sin perturbaciones que son los lugares donde se deben colocar las camas y las mesas de trabajo.

Dentro de las radiaciones del entorno podemos distinguir dos tipos: las electromagnéticas de alta frecuencia, las producidas por campos eléctricos y las producidas por microondas.

Se trata de hacer, por parte de un buen experto, un buen estudio geológico de la casa. Así, sabremos las zonas donde descansar y donde trabajar para evitar las influencias patógenas.

Es necesario comprobar, también, que por la fachada de la vivienda no pasen líneas eléctricas de gran consumo, y que cerca de la casa no haya líneas de alto voltaje.

Es conveniente dormir lejos de los aparatos como radio-reloj despertador, televisor, ordenador, enchufes, transformadores…

MEDICINA DEL HÁBITAT

Se trata de identificar, evaluar y neutralizar o armonizar las patologías ambientales. Mediante un test de kinesiología se puede saber si la persona está afectada por radiaciones geopatógenas o electromagnéticas.

Es importante descartar que nuestra enfermedad pueda ser incrementada por las geopatías, entre otros factores, ya que nuestro cuerpo es un depósito de agua. Si tenemos síntomas de enfermedad es porque existe un campo interferente. El agua de nuestro cuerpo almacena las frecuencias malignas de los lugares con geopatías (cuanto más tiempo permanezcamos en estos espacios más frecuencias distorsionadoras acumularemos).

A causa del campo interferente, las órdenes que da nuestro ADN se distorsionan; las células no pueden interpretarlas y crean una atracción hacia las sustancias tóxicas, que pueden producir la enfermedad, entre otros factores.

En la ciudad de Moulins (Francia) el Dr. J. Picard observó que un barrio tenía un elevado número de muertos por cáncer que no era lo que las estadísticas consideraban normal. Se realizó el estudio geobiológico del barrio y el resultado fue muy evidente: había una corriente de agua subterránea muy amplia a 80 m de profundidad sobre una falla que se encontraba a 150 m, en una zona próxima. Esta corriente tenía diversos afluentes que ampliaban la zona afectada.

Cada persona interactúa con estas radiaciones de forma diferente, dependiendo del potencial de respuesta a las agresiones del medio y de los mecanismos inmunológicos. Pero es evidente que la sobrexposición a alteraciones telúricas y campos electromagnéticos, junto con sustancias tóxicas, aire contaminado, materiales inadecuados de construcción, etc., llevan a una sobrecarga que afecta a la salud. Es recomendable liberarse de las geopatías; es necesario comprobar si nuestros síntomas cambian sólo con un desplazamiento o reorientación cardinal de la cama donde dormimos. Se recomienda situar la cabecera de la cama en dirección norte (nos calma) o bien este (nos regenera) o toda la zona noreste. Si hacemos estos cambios, cuidamos la alimentación, hacemos ejercicio y ponemos en práctica un nuevo estilo de vida rencontraremos el equilibrio y la salud.

¿Conocíais la importancia de la medicina del hábitat?